Las pifias del procurador de justicia de la CDMX

La inseguridad es tal y tan grave en la Ciudad de México que no estamos para pifias. Y si alguien las ha cometido
durante los últimos días, ese es el procurador Edmundo Garrido Osorio. Han sido tantas y tan frecuentes que en el
despacho principal del Palacio del Ayuntamiento ya se habla de su cercana remoción.

La más reciente de esas pifias parece haberse cometido en la investigación del asesinato de la modelo y acompañante
argentina Karen Ailén Grodzinski, de 23 años, cuyas inconsistencias derivaron en la exoneración y liberación, ayer en la madrugada, de Alejandro Axel Arenas Reyes, un joven actor de 27 años presentado por la procuraduría capitalina como el presunto homicida.

Mancera, fiel al estilo mostrado en cinco años de gobierno, confió plenamente en la indagatoria que Garrido le garantizó era seria y sólida. Las cámaras de seguridad del hotel Pasadena de la Ciudad de México, lugar donde se cometió el crimen el pasado 27 de diciembre, registraron la llegada y salida en una moto del presunto asesino. El casco impedía ver su rostro. Un empleado del hotel dio a la policía un número de placa de la Scooter, lo que llevó a conocer la licencia e identidad del propietario. Otro empleado, que vio al presunto homicida al llevarle un servicio de habitación, imputó directamente a Arenas Reyes. Un juez de control obsequió la orden de aprehensión que se cumplimentó el 29 de diciembre.

Hubo, sin embargo, una omisión central en la indagatoria: la evidencia que corroborara la presencia de Axel en la
escena del crimen. Su abogado, Emiliano Robles Gómez Mont demostró, con seis testigos y un par de videos, que el
inculpado estaba con su novia en Medellín, Colombia, el día y la hora en que ocurrió el asesinato. El defensor respaldó la coartada con los pasaportes, los sellos de salida y entrada al país de Migración y la geolocalización de los teléfonos celulares de la pareja. Además, probó que la motocicleta del actor no era la que aparece en el video de las cámaras de seguridad, que las placas de ambas son diferentes, que los empleados del hotel aportaron números de placa equivocados y que no había relación alguna entre el inculpado y la víctima. El Tribunal negó, en consecuencia, la vinculación a proceso.

Tales inconsistencias no resisten el argumento, válido por lo demás, de que el nuevo sistema de justicia penal
acusatorio privilegia la presunción de inocencia. En este caso hubo una omisión grave que implicó a un inocente. ¿Qué tal si Arenas Reyes no hubiera estado en Colombia? ¿Cuántos inocentes podrían ser inculpados por indagatorias negligentes?

Pero Garrido ha incurrido en otras pifias. El 8 de enero pasado, otro ejemplo, Lorenzo Montiel Ramos y Luis Alberto
Montiel Andrade se presentaron a declarar ante la procuraduría capitalina como los golpeadores que desataron el
zafarrancho ocurrido en la colonia Villa Quietud de la delegación Coyoacán durante un mitin de la precandidata de
Morena, Claudia Sheinbaum, y a consecuencia del cual sufrió un síncope y murió la militante morenista Marta Patricia Reyes.

Los dos sujetos dijeron haber sido contratados por el dirigente Martí Batres, pero la procuraduría los dejó en libertad y, aunque ya seguía otra línea de investigación que apuntaba hacia Los Buitres, un grupo de golpeadores del ex delegado perredista en Coyoacán, Mauricio Toledo, que han atacado en otros mítines de Morena, debió haberlos detenido por los delitos de lesiones, daños y robo.


Otros casos: el 5 de enero el procurador Garrido negó que se hubieran registrados saqueos en la CDMX, pero horas
más tarde el propio Mancera le enmendó la plana e informó que incluso había detenidos. Aquí documentamos en
entregas pasadas que a su paso por la PGJDF como fiscal de homicidios, como subprocurador y ahora como
procurador, el número de asesinatos ha ido al alza y, en el caso de los secuestros, sólo se resuelven los de plagiados
cuyas familias pagan el rescate.

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